Los medios de comunicación se han valido desde un principio de la tecnología para hacer valer su sentido informativo. La tecnología hace que la comunicación de masas crezca cada día más, desde el punto de vista de que las fronteras van siendo eliminadas, las personas pueden acceder cada vez de una forma más rápida y accesible a la información, aunque quizás no de forma más veraz.
La tecnología y la comunicación han dado lugar a la aparición de la comunicación de masas, un tipo de comunicación que lleva información a grandes grupos de gente, a través de los medios masivos.
La tecnología hace a los medios de comunicación e introduce en ellos un aspecto de universalidad. Con los avances de este conjunto de técnicas, la información fluye sin límites por todo el mundo. Internet ha supuesto la caída de muros entre las culturas del mundo y ha servido para acercarlas; acercarlas hasta un punto peligroso porque en muchos casos las identidades culturales aún no acaban de entenderse o de respetarse.
Esta evolución ha supuesto para las organizaciones e instituciones de todo el mundo un vuelco en su comunicación interna. Lo que es privado hoy, mañana puede ser franqueado por cualquier ínter nauta.
La tecnología supone para los medios de comunicación su vía “revolucionaria”, su capacidad decisoria, su poder de movilización y adaptación de las masas. Esta postura es compartida por la Escuela de Francfort, que se plantea inicialmente el potencial revolucionario de los nuevos medios de comunicación. Así explica Miquel Rodrigo Alsina la visión de esta Escuela sobre el papel de la tecnología en la comunicación:

“El cine podría ser el instrumento perfecto para permitir la participación de las masas en los procesos culturales. La radio se habría de convertir en el medio de información por excelencia. Sus características tecnológicas le permitían llevar todos los acontecimientos históricos a todas las casas. La fotografía también podía ser un instrumento revolucionario al acercar la realidad histórica a la realidad cotidiana de cada receptor. (…) Parece inevitable que cada vez que aparece un nuevo medio de comunicación se plantee su potencial revolucionario, al menos en el sentido de propiciar un cambio social en alguna dirección. (…) Pero una cosa es el potencial comunicativo de un medio y otra distinta es el uso social que el sistema social potencia. (…) Las posibilidades revolucionarias de los medios se confrontaron con la realidad política de su utilización, que los va a convertir en máquinas de manipulación política. La tecnología informativa se va a convertir en un agente de control social, en un freno al cambio social.”

Las instituciones de la sociedad se ven modificadas por la comunicación de masas, la cual se convierte en un instrumento de legitimación de nuevos significados, de estabilización de los ya existentes o de alteración de lo anteriormente construido.
La tecnología informativa ha tenido sus más y sus menos a lo largo de la historia. No se debe calificar como algo bueno o malo para la sociedad puesto que su utilidad social dependerá en gran parte del poder que las dirija o las controle. Así, podemos decir, por citar una de las grandes “intervenciones” tecnológicas, que la telegrafía sin hilos supuso un importante elemento tecnológico cuando el hundimiento del Titanic, ya que de no ser por ello, el resto del mundo tardaría semanas en enterarse de la tragedia ocurrida; sin embargo la utilización nazi (y en general en casi cualquier proceso bélico) de los medios de comunicación de masas (radio, cine, prensa…) ha tenido un carácter asimilatorio de la ciudadanía, que lejos está del carácter informativo que primaba en el primer ejemplo.
De este modo podemos concluir que la tecnología supone para la comunicación de masas un soporte “natural” que modifica las sociedades en las que aparece, cambiando dentro de ellas hábitos, valores e instituciones.